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Interdisciplinarity: reflections from practice

In the frame of the SWAN project, a group of different young scientists working on water issues from different fields was created last semester. Starting from discussions of our respective theoretical backgrounds (hydrology, climate modeling, ecosystems services, societal metabolism, water footprint, institutional analysis and water conflicts), we tried to understand our respective languages and exchange concepts and ideas. From there we decided to move towards a case study together in order to build a possible integration of methodologies in a common conceptual framework to assess water management in socio-ecological systems.

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What started as a mere discussion has turn into a very deep and interesting process, questioning ourselves as individuals, as researchers and as a group. I would like to share here some reflections I made after the first 6 months working together:

– The process and outputs of conceptual modeling in a multidisciplinary group certainly follows different pathways depending on who leads the discussion and which are the backgrounds sitting on the table.

– The group is more weighted towards quantitative approaches, thus we mostly find ourselves comfortable talking about integration of variables and models, which is a kind of “physically biased” language. Dealing with inconmensurability implies dealing with those dimensions that can not be quantified and thus need qualitative research approaches to balanced the potential pathways of our process.

– Even within quantitative approaches lovers, we found epistemological obstacles in our discussions and case-study shaping. Not only regarding to our different languages and backgrounds but also to our different subjectivities. The question of which is our role as researchers is not irrelevant, responses are case-specific.

– So far we were not able to develop a common conceptual framework, partially because we come from very strong ones. As we start to produce scientific results we will be able to move our discussion from the abstract to the empirical – potential opportunities and obstacles for integration – and we attempt to produce the synthesis Esteban Castro mentioned as necessary step for interdisciplinarity, then come back to the conceptual.

– Since our group is a changing one, new people coming in, others leaving and each of us changing along its personal PhD, I think we need a sort of dynamic conceptual framework, semantically open not only to different context but also to different backgrounds.

– Considering that each of us sees something different when looking to the same reality and that we want to be consistent with our individual perceptions at the time build something together and with stakeholders, my feeling is that we need to find the overlapping areas of the flower: those points in which we agree and want to work together. At the same time we should explicitly recognize and respect those areas in which we prefer to work in our individual manners. This means honesty and commitment with the group and with ourselves.

On the other hand, I felt that it was actually disagreement what made us going forward in our discussions. So, even if we do not agree in some things, let’s keep talking!

– Finally, a point arosed by Carolyn Remick from the Water Center in Berkley: working on a problem oriented basis might not lead you to a cutting edge scientific paper. So it is our challenge to work with and from stakeholders, producing scientific relevant results at the time not becoming a sort of consultancy.

¿Cuánto vale un humedal? ¿Y un árbol de cien años?

Este tipo de preguntas que pueden parecer absurdas a algunos o trivial a otros han generado todo un campo de estudio científico: la economía ecológica. Su origen parte de un distanciamiento de la economía convencional por no incorporar en sus análisis los impactos que causamos en los ecosistemas con la actividad económica. En la economía ecológica existen múltiples líneas de investigación dedicadas a analizar y cuantificar nuestra dependencia de los recursos naturales y los riesgos de los impactos sobre los ecosistemas: análisis de flujos de materiales, metabolismo social, ecología política o etnoecología.

Una de las líneas de mayor repercusión es la de servicios ecosistémicos, que pretende poner en valor los múltiples usos que hacemos de los ecosistemas los cuales nos proveen servicios a través de su propio funcionar: limpian el agua, producen comida y madera, previenen inundaciones, regulan el clima, et. También mantienen identidades culturales que se generan en torno a las actividades tradicionales de uso de los ecosistemas, sobre todo en el medio rural. Este marco conceptual se vio catapultado por la apuesta de Naciones Unidas en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, con algunos equipos españoles a la cabeza.

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Marco de análisis de los servicios ecosistémicos del Laboratorio de Socioecosistemas de la UAM

Si bien el éxito y rigor científico del análisis de los servicios ecosistémicos se ha demostrado ampliamente, desde sus comienzos surgieron debates en torno al riesgo de captura del discurso por los grandes organismos internacionales. En un sistema financiarizado, una metáfora basada en la producción económica como es la de los servicios que producen los ecosistemas, tiene alto riesgo de captación y metrificación en precios con los que poder comerciarlos. Es por ello que muchos investigadores han estado desde el principio en contra de cuantificar monetariamente los servicios ecosistémicos, si bien existe otro espectro que lo ha hecho para desarrollar esquemas de pago en compensación por mantenimiento de estos servicios.

La última Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río + 20 ya dio un giro importante en este sentido, acogiendo inciativas con una clara intención de crear nuevos mercados de los recursos comunes, como ya lo es el mercado de CO2. Por desgracia la economía ecológica, como propuesta heterodoxa, está viendo su discurso capturado y pervertido por la nueva economía verde.

Cuando este tipo de propuestas se encuentran con un gobierno como el de España, cuyo ministro de medioambiente tiene una concepción bastante particular de su protección, básicamente consistente en sacar el máximo rendimiento económico de los recursos naturales, podemos temernos lo peor. El País publicaba hace poco esta noticia haciendo referencia a la intención del gobierno español de crear un banco de habitats y especies que permita compensar los impactos ambientales de los proyectos a quién pueda pagar por recuperar otro lugar. El artículo mezcla dos cosas diferentes: por un lado, el uso de mecanismos financieros para compensar los impactos ambientales, por el otro el discurso de servicios ecosistémicos, capturado para justificar una nueva forma de financiarización de los bienes comunes. Es de destacar el bajo rigor del artículo, enalteciendo en palabras de ingenieros las bondades de este tipo de iniciativas (como siempre en España cuando se quiere justificar una actuación ambiental se pone en boca de un ingeniero), y colocando las críticas a la monetarización de la naturaleza “en países como Venezuela o Cuba” sin explicar nada del debate científico al respecto.

Esperando la propuesta en firme por parte del MAGRAMA para valorarla, de antemano la mera posibilidad de compensar los daños causados en un lugar con la restauración de otro no es demasiado acertada y ha sido criticada por utilizarla en lugar de obligar a minimizar los impactos ambientales ¿Qué más me da que construyas un humedal en Castilla si has talado el bosque del que yo vivo? Como colofón el artículo deja como reto abierto el “cálculo del valor económico de los daños ambientales”, asumiendo que SI se puede/debe hacer sólo que aún no tenemos una metodología adecuada. Pretender generar beneficio económico con estas compensaciones, poniéndole precio a algo que no es posible monetizar, sin aportar ningún criterio ni debate científico al respecto muestra el orden de prioridad de la administración española respecto a la gestión de nuestros recursos comunes: generar beneficios financieros. Una nueva burbuja a la vista.

aquí un interesante artículo sobre porqué los mecanismos de mercado no funcionan para preservar la biodiversidad en un mundo lleno de patológicamente ambiciosos, de los que nos sobran en nuestro país.

Metabolismo social: concepto

Empezaré el blog contando en qué consiste la metáfora conceptual del metabolismo social. Básicamente hace referencia a los procesos de extracción, transformación y posterior vertido de recursos naturales (materia y energía) necesarios para mantener la actividad de una sociedad determinada. Cada actividad que realizamos desde que nos levantamos usa recursos, de manera directa o indirecta: consumimos agua, comida, ropa, café…todos ellos han sido extraídos como materias primas en algún lugar, transformados para que podamos consumirlos, y de cada uno nos sobran desechos que devolvemos al medioambiente en formas variadas (basura, agua residual, energía disipada…)

El origen del término para referirse a la actividad económica suele atribuirse a Karl Marx, si bien se ha popularizado en las últimas décadas con el impulso de la Economía Ecológica como campo de estudio de los impactos ambientales de las economías. Como siempre en la academia existen batallas por distintas acepciones del concepto, así como distintas metodologías de análisis, pero todas comparten la esencia de intentar estudiar los procesos sociales como parte de procesos ecológicos más amplios, de los que dependen y a los que afectan, desde la perspectiva de los sistemas y las ciencias complejas.

El análisis del metabolismo social se ha centrado sobre todo tanto en el uso de la energía como en los materiales. Sin embargo el agua ha recibido menos atención por distintos motivos, siendo fundamental la ausencia de datos. Sin embargo poco a poco algunos investigadores nos hemos puesto a la tarea de responder preguntas cómo: ¿Cómo y por qué las sociedades humanas usan el agua? ¿Cómo se percibe el agua como recurso en distintas regiones? ¿Cómo influyen los cambios sociales en los ecosistemas que necesitan agua? y para ello nos basamos en el metabolismo social y ecológico del agua.

Aquí hay una descripción más amplia.